Seleccionar un conjunto representativo de estudios emergentes es siempre una apuesta de riesgo. Así lo consideró su editor, pero ha seguido adelante con su propósito para ofrecer en esta nueva revista: Veinte países, veinte estudios. Los límites han sido la edad –fijada en los cuarenta años– y la decisión de publicar un solo equipo por país, independientemente de su dimensión económica o demográfica, un criterio discutible que empero permite hacer la lista manejable, ya que número amplía su ámbito geográfico a todo el mundo. Resultado de este proceso exigente y azaroso, la lista de equipos que se ofrece –ilustrado cada uno con una obra y un proyecto– está esmaltada de inconsistencias, y acaso de hallazgos. Faltan países significativos, y otros están representados por estudios de ubicación equívoca; hay arquitectos que llevan una década emergiendo, y otros que siendo oficialmente jóvenes dirigen oficinas de envergadura; aparecen despachos plenamente locales en sus miembros y encargos, y otros tan cosmopolitas en su composición como en la dispersión geográfica de las obras. Estas diferencias dan textura y espesor a un retrato donde “se vislumbran sombras evanescentes y sueños imprecisos junto a chispas de pedernal y reflejos de acero. No es fácil saber si el conjunto anuncia la niebla o el incendio, pero su penumbra vaporosa compone una representación pixelada de un mundo en fragmentos, y en esas esquirlas de espejo no vemos lo que viene sino lo que somos”.