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CASAS INTERNACIONAL 165 SOUTO DE MOURA ISSN: 9789874160263
Editorial: KLICZKOWSKI
Tema: Arte
Formato: 26 X 24
Idioma: ESPAÑOL / INGLES
Páginas: 72
CASAS INTERNACIONAL 165 SOUTO DE MOURA
KLICZKOWSKI

$ 159.00
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La arquitectura tiene que ser objetiva, no puede ser conforme a lo personal1. Diseñar debe ser un fenómeno de inteligencia, y diseñar de cero es un fenómeno de estupidez, porque es perder un legado de información disponible. Por lo tanto si el diseño es un fenómeno de inteligencia, tiene que percibir el fenómeno en que va a insertarse2.
El sitio es un presupuesto. No existe el sitio. El sitio (lugar) es un instrumento. Es imposible hacer casas sin tener un lápiz, y tener casas sin tener un sitio. Y el sitio es aquello que se quiere que él sea. Se intentó “vender” el sitio como entidad objetiva, con frases como: “La solución está en el sitio”. La solución está en la cabeza de las personas. Leonardo da Vinci decía: “El arte es cosa mental”. El sitio es cosa mental. Por lo tanto, el sitio es tan importante cuánto las otras cosas que intervienen en el proyecto3.
Hago siempre muros. No consigo hacer sólo una casa. Necesito de un centro. Puede ser una piedra o un árbol. Pero no consigo hacer una casa aislada. Porque viví siempre con límites, no sé si es un sentimiento de protección, u otra cosa4. La casa portuguesa es la continuación de los muros del patio y en algunos casos sólo una ventana en el muro anuncia la existencia de una casa5.
Me gusta la casa porque es tal vez donde la arquitectura no tiene sólo que ver con lo mineral, pero tiene ese lado humano. La casa es una pequeña dimensión fácilmente controlable, tenemos ese diálogo con la acción, con las personas6. Evidentemente, los temas son siempre los mismos, es claro. Cada uno tiene sólo su propio tema y es dentro de él que se mueve. (Thomas Bernard) Hay escritores que pasan la vida escribiendo siempre el mismo libro. Hay escritores que consideran todos sus libros autobiográficos. Hay arquitectos que pasan la vida diseñando siempre la misma casa. Hay arquitectos que pasan la vida a la espera del cliente: él propio7. Hago siempre como si fuera para mí, no veo otra manera y éticamente debe ser así. Todos los grandes edificios funcionan como nuestra casa, independientemente de la escala. Hay un heroísmo romántico que va a desaparecer8. Hago las casas para mí. El cliente es un heterónimo9.
Me transformé en una persona pragmática, menos ligada a las ideologías. Távora fue un profesor excepcional. En su momento no lo percibí bien, pero casi todos los días, pienso en él. El Távora resumía: “La arquitectura es la vida. La buena arquitectura es aquella donde las personas se sienten bien, duermen bien, comen bien, les gusta estar unas con otras, hacen amor”. Es descubrir el alma en una casa.
A lo largo del tiempo fui percibiendo que es un conjunto de relaciones entre el sitio, los materiales, las culturas, las personas, las técnicas de construcción. Es la empatía que existe entre estos factores que hace que la arquitectura nazca, exista. Cayó la semiología me quedé con el pragmatismo10.
Los arquitectos y los intelectuales que admiro viven en casas antiguas... (...) hay un misterio: ¿Cómo es que los artistas producen tantas ideas de vanguardia, y esa vanguardia actúa para cambiar el mundo y las personas, y a la vez esos mismos artistas
son tan conservadores con ellos y con los ambientes donde viven? Lo que parece un poco contradictorio, ¿no es? Y lo que es correcto es que eso acontece. No voy a dar ejemplos, pero conozco casas de escritores portugueses y casas de pintores que expresan esto. El propio Picasso que fue tal vez el mayor intelectual de ruptura con el pasado, vivió siempre en casas antiguas. Mientras más rico era, más palacios tenía, cada vez más antiguos11.
Mi sentido crítico está siempre presente, pero a medida que el tiempo pasa y la edad avanza, es más contundente. Cada vez tengo menos tiempo para hacerlo mejor. Pero no es un mirar contemplativo o nostálgico. Estoy completamente encauzado para acabar con las cosas que tengo que hacer más y bien. Pero no parto del cero, es siempre una continuidad. Es corregir y reutilizar lo que ya hice. No voy a inventar nada, no me interesa inventar12.
Además, en la visita a mis casas, también constato ciertas ventajas y desventajas. No digo que no sean elegantes, o que las personas se sientan a disgusto en ellas, pero pienso que, por ejemplo, carecen de algo que he descubriendo con el tiempo y que al principio de ejercer la profesión me resultaba casi imposible percibir. A ese algo llamo la confortabilidad, no en el sentido inglés del término Comfort o en el de decoración, sino entendido como capacidad o disponibilidad de los usuarios de la casa para poder experimentar diferentes situaciones n relación a la luz, al campo, a diferentes puntos de vista, al paisaje (paisaje exterior e interior), y a los cambios de color. (...) Entonces conseguí admitir, o intenté introducir, la idea de que la casa o el edificio tienen que ver más con una cierta naturalidad de acción que reside en el interior de las personas. Existe un equilibrio de energías que viene de dentro. El programa, así como los volúmenes y el material, son los adecuados. Cuando se alcanza esta adecuación, entonces surge la elegancia, nunca a priori13. Cuando la naturaleza y el artefacto coexisten en perfecto equilibrio se alcanza el estado supremo del arte o el silencio de las cosas. La palabra naturaleza puede tener otras connotaciones; sin embargo es el silencio de las formas perenes14.
“Elogio de la sombra” fue un libro que me marcó mucho y que me puso a pensar en las cosas que había hecho. Me Gustó tanto el libro, me gustó tanto los ambientes que él describe en el libro. Entonces me cuestioné: aquello que allí estaba descripto y que yo percibía maravilloso, no acontecía en mis casas, porque tienen demasiada luz. Es evidente que puedo controlarla con las cortinas, pero falta ese medio término. Los pasajes, o como el Delleuze decía, los pliegues, quiere decir, lo que se pasa entre la luz y la oscuridad, las penumbras, las sombras. Lo que acontece mucho en la arquitectura antigua, con el espesor de las paredes. Por lo tanto, existe cuando la luz está en la diagonal y es filtrada por las partes laterales y después tiene postigones que oscurecen, y después tiene la cortina, y después tiene la cenefa, tiene una serie de capas, y eso crea un cierto misterio y esa relación de las capas del mundo de la casa que somos nosotros y el mundo exterior que son los otros, crea esos filtros posibles15. Con la edad pasé a creer que las casas deben tener menos vidrio y más intimidad16. La arquitectura anónima es un tema que me interesa mucho, tal como la arquitectura industrial, pues son obras sin un mensaje directo, capaces de crear atmósferas muy bellas, personajes que no hablan pero que se hacen entender perfectamente, sin un autor y sin intencionalidades. (...) Quiero aprender con la arquitectura anónima porque en ella las relaciones entre topografia, tipología y morfología son muy lógicas. (...) El arquitecto, sin falsa modestia, tiene que aceptar hacer una cosas sin pretender que ella sea necesariamente arte. Es lo que me interesa en la arquitectura anónima17. Fui criado en la casa de mi abuela y de mi madre, con muros de piedra y pasillos grandes, y la casa era la continuación de los muros exteriores. Era cerrada a norte y abierta a sur. Mi uso de la piedra viene mucho de ese ambiente vernacular, y también la tipología de las casas largas con grandes pasillos. El pasillo es un espacio que dejó de existir en la arquitectura moderna, donde todo es fluido. Pero los pasillos forman parte del imaginario de los niños. Yo jugué fútbol en los pasillos, jugué hockey, hacíamos carreras de automóviles. Era una especie de «sala grande» que distribuía las puertas18. Cada vez más creo en aquello que Távora decía: “La arquitectura es vida”19.
El presente texto está compuesto por fragmentos de entrevistas y textos de Eduardo Souto de Moura. Su voz fue captada en tiempos, circunstancias y lugares distintos. Este texto propone una nueva composición que refleje el pensamiento del arquitecto y algunas de las voces que en él habitan.
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